Estamos en el sábado de shabat, por ende, hoy dormimos mas, hoy no tenemos actividad tempranera, hoy no hay que correr tras el reloj y la partida del micro. Por primera vez no hay despertador ni vamos a desayunar. Simplemente, nos despertamos para una nueva pehula, esta ves conociendo la problemática diaria sobre la vida cotidiana israelí. Y aunque el almuerzo nos sorprende rápido, la playa nos sorprende mas.
Estar de día no tiene precio, sobre el mar con sus tonos azules y el agua tan transparente, la arena bien finita con su color amarillo bien pálido, el sol pegándonos fuerte, y aunque el viento sopla, simplemente uno queda perdido ahí. No puedo evitar salir a caminar con los que me siguen (la colo, Deby, Gusti, Lucho y Pato). Simplemente nos dedicamos a las fotos, a caminar y a esquivar la inmensa cantidad de caracoles desparramados por la arena.
El sol se oculta y el frió comienza a aparecer. Hay que cerrar el shabat y apurarse para la última visita en la zona. Es de noche y vamos hacia Jaffo (ciudad arabesca entre Tel Aviv y Bat Yam, principal puerto durante décadas y siglos). Recorremos sus callecitas de piedra y comenzamos a palpar las viejas ciudades, absorbemos historia y vemos los primeros cruces de religiones.
Terminamos en una calle con unos cuantos negocios, y me permito el lujo de imitar vulgarmente a Narda Lepes, y me compro una “merienda de medianoche” callejera, tanto dulce (baklaba, una especie de masa hojaldrada redonda, rellena de una pasta de maní o almendra, llena de almíbar… uummmm riquísimo) como salado (un sándwich cerrado, parecería hojaldre pero no es tan crocante, sino mas un pan relleno de un queso búlgaro, especie de ricota y queso addler, muuuy bueno). Nos deleita la “Colo” nuevamente bailando y sorprendiendo a mas árabes (no se si por lo bien q baila o al ver a una colorada haciendo sus danzas).
Volvemos y nos preparamos para abandonar la ciudad a la mañana siguiente. Simplemente, me quedo merendando y compartiendo la noche en las diferentes habitaciones. Uno comienza a sentir que esta en otro mundo y se maravilla de esa manera
Estar de día no tiene precio, sobre el mar con sus tonos azules y el agua tan transparente, la arena bien finita con su color amarillo bien pálido, el sol pegándonos fuerte, y aunque el viento sopla, simplemente uno queda perdido ahí. No puedo evitar salir a caminar con los que me siguen (la colo, Deby, Gusti, Lucho y Pato). Simplemente nos dedicamos a las fotos, a caminar y a esquivar la inmensa cantidad de caracoles desparramados por la arena.
El sol se oculta y el frió comienza a aparecer. Hay que cerrar el shabat y apurarse para la última visita en la zona. Es de noche y vamos hacia Jaffo (ciudad arabesca entre Tel Aviv y Bat Yam, principal puerto durante décadas y siglos). Recorremos sus callecitas de piedra y comenzamos a palpar las viejas ciudades, absorbemos historia y vemos los primeros cruces de religiones.
Terminamos en una calle con unos cuantos negocios, y me permito el lujo de imitar vulgarmente a Narda Lepes, y me compro una “merienda de medianoche” callejera, tanto dulce (baklaba, una especie de masa hojaldrada redonda, rellena de una pasta de maní o almendra, llena de almíbar… uummmm riquísimo) como salado (un sándwich cerrado, parecería hojaldre pero no es tan crocante, sino mas un pan relleno de un queso búlgaro, especie de ricota y queso addler, muuuy bueno). Nos deleita la “Colo” nuevamente bailando y sorprendiendo a mas árabes (no se si por lo bien q baila o al ver a una colorada haciendo sus danzas).
Volvemos y nos preparamos para abandonar la ciudad a la mañana siguiente. Simplemente, me quedo merendando y compartiendo la noche en las diferentes habitaciones. Uno comienza a sentir que esta en otro mundo y se maravilla de esa manera(Resumen del 3º día. 29 de diciembre. Playa de Bat Yam. Recorrido por la ciudad antigua de Jaffo).
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