martes, 22 de enero de 2008

partimos...

Y un día, luego de tanta ansiedad, ha llegado el día. Tras varios preparativos, varias despedidas, varias palabras emotivas, me encamine con una valija llena de cosas hacia Ezeiza. Allí, nos encontrábamos en una mañana navideña con los compañeros del viaje. Aquellos, que muchos conocía el rostro, a otros conocía el nombre, y en el cual, las expectativas eran frenadas por mi mente, pero que sumaban ansiedad por irme bien lejos. Entre sueños y ese deseo, esperamos en Ezeiza y embarcamos. Toda una tarde viajando que fue suplantada con una noche. Entre siestas, entre brindis, entre charlas; simplemente de alguna manera se fue pasando el tiempo, y las luces de las ciudades, y las nubes iban quedando atrás. Después del calor porteño, nos amaneció la fría navideña Madrid. Simplemente el razonamiento de la mayoría fue “tan cerca, tan lejos” el estar pisando tierra europea; pero todos pensábamos en otro lugar, en otro país. Por mas que me dormía, pobre de Flor (mi compañera de asiento, que apenas se sentó cayo mas que dormida, y solamente pudo despertarse al comienzo para comer. Nota aparte, gracias por ese postre “vegetariano” que me borro todo gusto kosher de mi paladar). Trasbordamos a una lata, en donde todo se hizo demasiado estrecho. En donde el sueño nos sorprendió más fuerte, y el repudio a una comida kosher dio mas pelea. Pero nada detuvo esa ilusión, que al caer el sol, nos encontró ya en un micro rumbo a las afueras de Tel Aviv. Y nada me detuvo, ni siquiera, a ustedes guardia de control del aeropuerto. Si… ustedes que me querían poner derecho de admisión, que me revisaron el pasaporte de arriba abajo, que me preguntaron todo. Si…. No me van a atrapar tan fácil solo por bajar feliz, solo y con la campera de River Personalmente, mucha incertidumbre me agarro sobre la futura convivencia, pero es algo que buscaba. El adaptarme, el conocer gente nueva, el tener otras experiencias y despejar muchas cosas del pasado. Así fue que junto a los pilares de “los pibes” atrapamos la “201” (junto a Lucho y Daro) y al ritmo de canciones futboleras exploramos la habitación. Las ganas de comer en una mesa firme, las ganas de dormir sobre un colchón, las ganas de estar sobre tierra, nos hizo tan feliz como el haber llegado. Sin importar el picor de una comida, sin importar las charlas, actividades e inquietudes sobre algo tan distinto en idioma, en cultura, en costumbre; ya estábamos ahí. Un breve llamado, un acompañar a gente me hizo perder una de las “pehula” (actividad) que simplemente eran tiempo que pasaban. Pero el sueño abatió fuerte, y simplemente, las ilusiones de un nuevo amanecernos invadían lentamente.

(Resumen del viaje. Partimos el 25 de diciembre, llegando en la madrugada del 26 de diciembre a Barajas (Madrid, España). Más tarde, saldríamos hacia Tel Aviv, en donde llegamos por la tarde y de allí hacia el hotel en Bat Yam, en los “suburbios” al sur de Tel Avid)

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