martes, 22 de enero de 2008

El sur tambien existe

El día comienza antes para mí. Hoy partimos hacia el sur, y como es de esperar me ofrezco a ser maletero. Con todas mis ganas y experiencia de tetris, junto a Nico, Pato y Walter cargamos el micro y subimos a desayunar. El gran robo de te y cafés, una última mirada al mar, permite comenzar el viaje. Salimos en una ciudad entraficada, con todo el mundo trabajando (y nosotros nos quejamos y en pleno domingo en una parte del mundo es un día mas). Primera escala en Latrun, en el Museo de los Tanques (cabe destacar que no es Museo, sino recordatorio a todos los que fallecieron y dejaron la vida por Israel al lado o dentro de un tanque). Comienza un debate en el grupo, entre un sector que para mi punto de vista es pro Israel y practicante, en el que al igual que muchos israelíes ven, que no es algo inhumano eso, sino que es un recordatorio a los duros traspié que obtuvo el país para ganar cada centímetro de tierra. El otro grupo, que todos coincidimos también, inclusos israelíes, en el cual no quiere una sociedad paramilitar, en el cual se humaniza la guerra y quiere creer en dos partes y no en el discurso de una sola. Los últimos días, este debate florecerá y explotara de buena manera., aunque hace vivir momentos casi tensos. Asimismo, comienza en esta ciudad una costumbre que nos traerá una sensación de vergüenza propia y ajena, pero que es necesario. Las pocas horas de sueño, se repercuten en siestas, que aparecen ni bien hay oscuridad y una buena butaca. Por ello, me pierdo una película en honor del lugar, pero que no me interesaba a largas. Al partir, sube nuestros compañeros israelíes de viaje. Me quedo hablando con Dani (pibe de múltiples nacionalidades) y simplemente me quedo en un estado zombie. Rodeado de silencio y de ver un paisaje desolador, que sin ser desierto de arena como se imaginan en esos lados del mundo, simplemente llama también la atención. Pasamos la ciudad de Lemona, pero vamos al medio de la nada. Vamos con los beduinos. Al llegar, acomodamos todo en la carpa al estilo que aparece en la película de Harry Potter, algo interminable con espacios de sobra para todos (si… incluso para cincuenta y pico de personas) y me uno a muchos a explorar el “falso” Metzada y ver una vista panorámica. Así vemos la aspereza del desierto, con el sol cayendo y la tierra mezcla piedra y arena, sin nada de fondo ni paisaje. Al rato, pequeño “momento rexona” al subir y pasear en un dromedario (léase falso camello por tener solo una joroba y no dos como estos últimos). Lindo paseo que queda registrado en el pequeño video al peor estilo del bobo de Marley. La cena nos sorprende rápido junto con las explicaciones de la vida beduina. Algo que parece tan arcaico y ver como buscan modernizarse y acoplarse a la vida diaria. Así es como, compartimos una especie de shawarma del lugar, así es como con Pato negociamos las narguilas, así es como nos ofrecen un show interactivo de percusión y baile. Entre un pogo y una mezcla de calor dentro de carpa y un frío asqueroso fuera de ella, simplemente me hago adicto al te dulzor, que no solo calienta las venas sino que las endulzar. Me quedo atrapado entre las estrellas (lo mismo que quisieron retratar los Madrijin, o especie de maestros-preceptor-responsable para el que no sepa, en la actividad previa), entre el te, y entre el intento de fogón. Las maderas consumieron rápido y las ganas de hablar con una serbia también (si… serbios de mierda que se la llevaron… simplemente.. hacia amistades yo). Ya eran casi la una y media de la madrugada, y me fui a dormir. Simplemente me quedaban dos horas de sueño antes del próximo madrugón (si…. Leyeron bien… dos horas de sueño). Simplemente acomodarse en mi colchón, entre los cuerpos de muchos perdidos y titiritando gracias a que exploto la poquita caldera que teníamos para un poco de calor.



(Resumen del 4º día. 30 de diciembre. Latrun con el Museo del Tanque,Demona, Desierto (Mamshit) con beduinos compartiendo su cultura, paseo en dromedario y espectáculo)

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