El reloj nos empezaba a sorprender con su alarma tempranera. Había que prepararse, desayunar y partir tempranamente. Desayunando de una manera bestial (destacando los revueltos de huevos que apenas me anime a comer, improvisando tostadas con manteca y mermeladas sobre diversa índole de panes y a puro te) simplemente quedaba pasmado al ver el Mediterráneo tan azul sobre las costas de Bat Yam. El fondo del micro toma su color y junto a los gritos de las chicas de ahí mas las del medio (Jacky, las Carlas, Solcete, Deby, la Colo, Caro) Nos madrugo el centro de Tel Aviv. Enseñanzas sobre Itzack Rabin, sobre su asesinato, sobre sus últimas acciones. Junto con una actividad, empezamos a convivir con una sociedad israelí, un poco seria, un poco apurada, en esa mañana, pero con ganas de compartir y ponerse a hablar. (Nota especial, no digo nada sobre el micro. El cual torturo un cd con una melodía pegajosa que duraria todo el viaje sobre un “buen dia para toda la gente” de M. Morillo. Sinceramente… matense y metanse esa canción en el medio del c…………. piiii piiiiiiii y piiiiiiiiii)

Rápidamente, viajamos al campus de la Universidad de Tel Aviv, a conocer el “Museo de la Diaspora” y más tarde la universidad misma. Comenzamos de esa manera, una carrera contra el tiempo, contra la pachorra y contra cualquier tipo de actividad que permita descansar. Fugazmente nos subimos al micro, y terminamos en la opera.

Allí, nos esperaba un grupo que bailaba improvisadamente cualquier tipo de ritmo. Sinceramente, lo veía como “que corno es esto???” y con la frase “ni en pedo bailo”. Me dedique a ver, y cuando entre todos se improviso, me termine cagando de risa y pidiendo a gritos un desodorante (vale destacar la gran presicion de baile que tuve con Lorena, grande coooompa, ni una sola ves nos estrolamos con nada ni nadie). Mas tarde, y cuando la noche cayo en la ciudad, fuimos al shuck (mercado). Para que todos entiendan, es una especie de mercado, onda feria que se suele ver los fines de semana a la mañana en cualquier plaza de barrio, con la diferencia que a puro gritos, entre mezcla de idiomas (hebreo, ingles, ruso, algo de español, idish), variedad de productos (entre puestos de perfumes, ropa, comidas, productos religiosos, chucherias varias). Solamente, luchando entre la desesperación por comprar ya los souvernirs de algunos que invadió rotundamente y el saber ver donde estaba cada uno, ya que era la primera salida “solos” por las calles. Consejo de todos, que había que negociar, pero, yo soy lo mas simple del mundo, que termine apenas regateando y llenándome de llaveros y chocolates. Y cuando pensábamos ya en volver a cenar y descansar, todo lo contrario. Seguimos y seguimos.

Nos fuimos caminando bajo la noche “telavideña”(¿¿??) (que eran las seis de la tarde aproximadamente) hasta llegar a un coqueto barrio y entrar al casa en donde se celebro la independencia de Israel, hecha museo. Fue la primera ves, en donde todos nos sentamos y pese a la gran ansiedad y ganas de escuchar comenzaron a aparecer los “cabezazos”, bostezos y pequeñas siestas.

Llegamos al hotel, con ganas de todo, y pese a quemar las gargantas con la comida mas que picante (que grande el humus salvador, y que mal esos platos que al solo olerlo te irritaban la cara), huimos a la playa. Paisaje más que hermoso, bajo las estrellas, acariciando la arena suave, escuchando el mar de fondo, con un poco de alcohol en mano. Y aunque todos nos dispersamos, todos nos encontramos al ver a la “colo” bailando (bieeeen guacha, que grande mi “hermanita” de viaje). Muerto, me retire a dormir, con el alcohol encima, rápidamente llego el sueño.

(Resumen del 1º día. 27 de diciembre. Todo por Tel Aviv, en la plaza central donde asesinaron a Rabin, el Museo de la Diaspora, la Universidad de Tel Aviv, la Opera de Tel Avid, el Shuck, el Museo de la Independencia y la playa de Bat Yam)
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