
Finalmente llegamos al aeropuerto, donde el viento frió parece despertarnos. Igualmente, mi “cagazo” a que pase algo me despertó mas. Obviamente no pase el control de la valija, pero zafe de que la abrieran al responder todo mas que obviamente (si, si, si, no a las preguntas mas que obvias, y a seguir con el tramiterio). De repente las escalas y los “tiempos muertos” se hacían interminables, de repente el sueño invadía y solamente me despertaban unas comidas kosher incomibles pero que el hambre logra devorar igual, de repente un paisaje desde allá arriba hacia abrir los ojos mas de la cuenta, y de repente una ansiedad desesperaba por llegar mas rápidamente.

El primer vuelo se la paso a puro sueño, al menos por mi lado. En el segundo, una italiana-española hizo que me cagara de risa como que me llenara de ganas de matarla. Pero al final… las ganas pudieron más, y solamente una Ciudad de Buenos Aires en plenas luces me hizo calmar.
Ya estábamos cansados luego de veintitantas horas de vuelo y un día más que largo. El free shop paso volando y las despedidas del “mini grupo” también.

Simplemente… el calor me invadió, y caí que ya volví. El cansancio me hizo mal humorado, la tardía llegada de las valijas también. Pero quise dar un último abrazo y saludo, a los pocos del “306” que llegamos a este fin.
(Resumen del viaje. Partimos 6 de enero a las 6 de la mañana, aterrizando en Madrid a las 11 horas españolas. En una hora mas tarde, salimos hacia Buenos Aires en donde a las casi trece horas de vuelos, ya siendo casi las 22:30 aterrizamos)
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