Prontamente llego un almuerzo, y pasó una pehula.
Siempre poco tiempo y armar la valija para cenar temprano e irse a aprovechar el último minuto, y así fue que sucedió. Desde la actividad se corrió hacia la cena, en donde se “devoro” con el poco hambre, para llevar las valijas al micro, para partir lo antes posible a la ciudad y de ahí… cada uno seguía su camino. Tal vez, ahí es cuando en ese micro, nos dimos cuenta que se terminaba, y el micro se aglutino entero entre una batalla dialéctica que se venia armando en esas pehulot. Entre puro salto y baile, entre risas y sonrisas, el fondo y el frente entrelazaron sus brazos formando un medio eterno.


De repente, la imagen de un “Cotel” iluminado se robo la atención, y cuando me di cuenta, estaba recorriendo los túneles bajo la vieja ciudad, el cual me llevaba a seguir recorriendo por muchos metros más la gran pared milenaria. Entre admiración y algún deseo mas pedido, entre las pocas ganas de irme y entre el todo que me rodeaba ese túnel robaba toda claustrofobia, y solamente se pensaba en algo mas. Tal ves gran admiración, tal ves las ganas de creer en todo, tal ves en algo que no pueda describir.

Lentamente salimos a plena noche, y recorrimos calles de la vieja ciudad de Jerusalem. Cuando menos lo esperaba, ya estábamos insertos en un pub, luchando contra unos precios increíbles, pero bebiendo y brindando por aquel ocaso. Admito que toque un poco de “techo” y frene para no vérmelas duro en un temido encuentro en el aeropuerto con la seguridad. Pero nada importo, y la cerveza y el vodka con speed sigo fluyendo.

Los saludos aparecieron, los abrazos con los mejores deseos, y todas las mejores palabras. Pero es tiempo de volver y cada uno asume su camino, por más impotencia que se tenga.
(Resumen del 10º día. 5 de enero. Recorrido por kibutz. “Cotel” de noche y recorrido por los antiguos túneles. Calles de la ciudad de Jerusalem antigua. Pub y regreso)
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