martes, 22 de enero de 2008

306



Esto es un simple numero y alguno dira un modelo de auto. Es simplemente, una denominación a un grupo que se las supo hacerselas. Por mas que aprezca imposible que casi 40 personas esten todo un tiempo juntas, por mas que parezca jodido que siempre hayan sonrisas; asi fue.

Y es por ello, que aunque me quede con ganas y gusto de poder habalr mas con muchos, de poder conocerlos, se que no fue un simple momento. Espero que simplemente quede rastro, y que en años, no sea un "pero estas igual"

Las palabras quedaran, igual que los recuerdo. Nada mejor que tener las sonrisas de todos, y siempre tenerlos cerca, para tener otra sonrisa mas a mano
Gracias por compartir el viaje. Gracias por hacer parte del viaje

partimos...

Y un día, luego de tanta ansiedad, ha llegado el día. Tras varios preparativos, varias despedidas, varias palabras emotivas, me encamine con una valija llena de cosas hacia Ezeiza. Allí, nos encontrábamos en una mañana navideña con los compañeros del viaje. Aquellos, que muchos conocía el rostro, a otros conocía el nombre, y en el cual, las expectativas eran frenadas por mi mente, pero que sumaban ansiedad por irme bien lejos. Entre sueños y ese deseo, esperamos en Ezeiza y embarcamos. Toda una tarde viajando que fue suplantada con una noche. Entre siestas, entre brindis, entre charlas; simplemente de alguna manera se fue pasando el tiempo, y las luces de las ciudades, y las nubes iban quedando atrás. Después del calor porteño, nos amaneció la fría navideña Madrid. Simplemente el razonamiento de la mayoría fue “tan cerca, tan lejos” el estar pisando tierra europea; pero todos pensábamos en otro lugar, en otro país. Por mas que me dormía, pobre de Flor (mi compañera de asiento, que apenas se sentó cayo mas que dormida, y solamente pudo despertarse al comienzo para comer. Nota aparte, gracias por ese postre “vegetariano” que me borro todo gusto kosher de mi paladar). Trasbordamos a una lata, en donde todo se hizo demasiado estrecho. En donde el sueño nos sorprendió más fuerte, y el repudio a una comida kosher dio mas pelea. Pero nada detuvo esa ilusión, que al caer el sol, nos encontró ya en un micro rumbo a las afueras de Tel Aviv. Y nada me detuvo, ni siquiera, a ustedes guardia de control del aeropuerto. Si… ustedes que me querían poner derecho de admisión, que me revisaron el pasaporte de arriba abajo, que me preguntaron todo. Si…. No me van a atrapar tan fácil solo por bajar feliz, solo y con la campera de River Personalmente, mucha incertidumbre me agarro sobre la futura convivencia, pero es algo que buscaba. El adaptarme, el conocer gente nueva, el tener otras experiencias y despejar muchas cosas del pasado. Así fue que junto a los pilares de “los pibes” atrapamos la “201” (junto a Lucho y Daro) y al ritmo de canciones futboleras exploramos la habitación. Las ganas de comer en una mesa firme, las ganas de dormir sobre un colchón, las ganas de estar sobre tierra, nos hizo tan feliz como el haber llegado. Sin importar el picor de una comida, sin importar las charlas, actividades e inquietudes sobre algo tan distinto en idioma, en cultura, en costumbre; ya estábamos ahí. Un breve llamado, un acompañar a gente me hizo perder una de las “pehula” (actividad) que simplemente eran tiempo que pasaban. Pero el sueño abatió fuerte, y simplemente, las ilusiones de un nuevo amanecernos invadían lentamente.

(Resumen del viaje. Partimos el 25 de diciembre, llegando en la madrugada del 26 de diciembre a Barajas (Madrid, España). Más tarde, saldríamos hacia Tel Aviv, en donde llegamos por la tarde y de allí hacia el hotel en Bat Yam, en los “suburbios” al sur de Tel Avid)

Bienvenidos a Tel Aviv

El reloj nos empezaba a sorprender con su alarma tempranera. Había que prepararse, desayunar y partir tempranamente. Desayunando de una manera bestial (destacando los revueltos de huevos que apenas me anime a comer, improvisando tostadas con manteca y mermeladas sobre diversa índole de panes y a puro te) simplemente quedaba pasmado al ver el Mediterráneo tan azul sobre las costas de Bat Yam. El fondo del micro toma su color y junto a los gritos de las chicas de ahí mas las del medio (Jacky, las Carlas, Solcete, Deby, la Colo, Caro) Nos madrugo el centro de Tel Aviv. Enseñanzas sobre Itzack Rabin, sobre su asesinato, sobre sus últimas acciones. Junto con una actividad, empezamos a convivir con una sociedad israelí, un poco seria, un poco apurada, en esa mañana, pero con ganas de compartir y ponerse a hablar. (Nota especial, no digo nada sobre el micro. El cual torturo un cd con una melodía pegajosa que duraria todo el viaje sobre un “buen dia para toda la gente” de M. Morillo. Sinceramente… matense y metanse esa canción en el medio del c…………. piiii piiiiiiii y piiiiiiiiii) Rápidamente, viajamos al campus de la Universidad de Tel Aviv, a conocer el “Museo de la Diaspora” y más tarde la universidad misma. Comenzamos de esa manera, una carrera contra el tiempo, contra la pachorra y contra cualquier tipo de actividad que permita descansar. Fugazmente nos subimos al micro, y terminamos en la opera. Allí, nos esperaba un grupo que bailaba improvisadamente cualquier tipo de ritmo. Sinceramente, lo veía como “que corno es esto???” y con la frase “ni en pedo bailo”. Me dedique a ver, y cuando entre todos se improviso, me termine cagando de risa y pidiendo a gritos un desodorante (vale destacar la gran presicion de baile que tuve con Lorena, grande coooompa, ni una sola ves nos estrolamos con nada ni nadie). Mas tarde, y cuando la noche cayo en la ciudad, fuimos al shuck (mercado). Para que todos entiendan, es una especie de mercado, onda feria que se suele ver los fines de semana a la mañana en cualquier plaza de barrio, con la diferencia que a puro gritos, entre mezcla de idiomas (hebreo, ingles, ruso, algo de español, idish), variedad de productos (entre puestos de perfumes, ropa, comidas, productos religiosos, chucherias varias). Solamente, luchando entre la desesperación por comprar ya los souvernirs de algunos que invadió rotundamente y el saber ver donde estaba cada uno, ya que era la primera salida “solos” por las calles. Consejo de todos, que había que negociar, pero, yo soy lo mas simple del mundo, que termine apenas regateando y llenándome de llaveros y chocolates. Y cuando pensábamos ya en volver a cenar y descansar, todo lo contrario. Seguimos y seguimos. Nos fuimos caminando bajo la noche “telavideña”(¿¿??) (que eran las seis de la tarde aproximadamente) hasta llegar a un coqueto barrio y entrar al casa en donde se celebro la independencia de Israel, hecha museo. Fue la primera ves, en donde todos nos sentamos y pese a la gran ansiedad y ganas de escuchar comenzaron a aparecer los “cabezazos”, bostezos y pequeñas siestas. Llegamos al hotel, con ganas de todo, y pese a quemar las gargantas con la comida mas que picante (que grande el humus salvador, y que mal esos platos que al solo olerlo te irritaban la cara), huimos a la playa. Paisaje más que hermoso, bajo las estrellas, acariciando la arena suave, escuchando el mar de fondo, con un poco de alcohol en mano. Y aunque todos nos dispersamos, todos nos encontramos al ver a la “colo” bailando (bieeeen guacha, que grande mi “hermanita” de viaje). Muerto, me retire a dormir, con el alcohol encima, rápidamente llego el sueño.
(Resumen del 1º día. 27 de diciembre. Todo por Tel Aviv, en la plaza central donde asesinaron a Rabin, el Museo de la Diaspora, la Universidad de Tel Aviv, la Opera de Tel Avid, el Shuck, el Museo de la Independencia y la playa de Bat Yam)

y hoy??? Shabat


Comenzamos este segundo día con madrugones. Había que partir rápidamente al norte. Fuimos para Cesarea, esa ciudad que tanto recuerdo de las materias judaicas de la ORT. Aquella, que fuera puerto de gran importancia para romanos y fenicios, y aunque no me llamaba la atención, termino de deslumbrarme. Me sumerjo en los colores, en la historia y en cada pedazo de tierra que me rodea. Quedo hipnotizado con el azul del Mediterráneo, quedo disfrutando del aire que me hace recordar una sensación de libertad. Solamente, me comienza a preocupar el calor y los mareos, y conociéndome ya temía una deshidratación, aunque rompí record de tomar agua. Simplemente, me dejo llevar, y yendo al primer momento tribunero, desplegamos bandera de River, y todos a puro gritos que llenan a un anfiteatro a sus viejos espectáculo (cabe destacar la acústica del mismo comprobada por el violín de Tammy, clap clap clap). Corremos a Tel Aviv, para recorrer nuevamente el shuck y la calle artesanal. Esta ves, teníamos libertad hasta para comer, y junto con la banda de los pibes, no pudimos resistirnos a ir a comer el verdadero shawarma (bomba bomba, a full full). Se recorren las calles, tan lindas con los colores, músicas, los muchos acentos de idiomas, los contraste de una hermosa tarde primaveral que a uno lo recuerda de los pequeños placeres del disfrutar de la vida. Se hace la tarde y el reloj nos apura. Hay que llegar a tiempo antes del inicio del shabat porque sino quedamos a “pata”. Y así fue, que ni tiempo a descansar tuvimos, ya que al arribar al hotel, comenzamos en la cena la tradición del shabat. Todos saben que no soy practicante, pero respeto, y comparto la tradición. Simplemente observo un mundo que suena tan ajeno y tan cercano a mi, y me deslumbro entre el cansancio, entre las cosas y entre la alegría. Terminamos la noche con una pehula, y aparecen los dotes actorales del “more” Walter. Junto a las ideas de las chicas y Demi, simplemente no paro de tentarme al hacer una actuación sobre una circunscición en la pre-historia. Y aunque esas actividades me parecen al estilo de “Bucay”, simplemente intentan ponernos un poco de sentido judaico, y de hacernos sentir parte de la comunidad a los no practicante como yo. Simplemente, escucho sin formar opinión, ni idea. Trasnoche de ganas a algo más. Usurpamos la habitación de las chicas de la duplex. Y aunque se llena de gente y las conversaciones son amenas, comienzo una terapia para aguantar el vértigo que vendrá. Dudo que soporte aunque la Doctora Jacky le puso la onda. Y aunque comienzo a ver mi butaca de compañero de viaje vacía o notar los silencios, simplemente me permito abrirme y conocer a más gente nueva todos los días. Simplemente me llama la atención eso, y me persigo con nada.

(Resumen del 2º día. 28 de diciembre. Fuerte de Cesarea, Shcuk de Tel Aviv)

Un poco de descanso

Estamos en el sábado de shabat, por ende, hoy dormimos mas, hoy no tenemos actividad tempranera, hoy no hay que correr tras el reloj y la partida del micro. Por primera vez no hay despertador ni vamos a desayunar. Simplemente, nos despertamos para una nueva pehula, esta ves conociendo la problemática diaria sobre la vida cotidiana israelí. Y aunque el almuerzo nos sorprende rápido, la playa nos sorprende mas. Estar de día no tiene precio, sobre el mar con sus tonos azules y el agua tan transparente, la arena bien finita con su color amarillo bien pálido, el sol pegándonos fuerte, y aunque el viento sopla, simplemente uno queda perdido ahí. No puedo evitar salir a caminar con los que me siguen (la colo, Deby, Gusti, Lucho y Pato). Simplemente nos dedicamos a las fotos, a caminar y a esquivar la inmensa cantidad de caracoles desparramados por la arena. El sol se oculta y el frió comienza a aparecer. Hay que cerrar el shabat y apurarse para la última visita en la zona. Es de noche y vamos hacia Jaffo (ciudad arabesca entre Tel Aviv y Bat Yam, principal puerto durante décadas y siglos). Recorremos sus callecitas de piedra y comenzamos a palpar las viejas ciudades, absorbemos historia y vemos los primeros cruces de religiones. Terminamos en una calle con unos cuantos negocios, y me permito el lujo de imitar vulgarmente a Narda Lepes, y me compro una “merienda de medianoche” callejera, tanto dulce (baklaba, una especie de masa hojaldrada redonda, rellena de una pasta de maní o almendra, llena de almíbar… uummmm riquísimo) como salado (un sándwich cerrado, parecería hojaldre pero no es tan crocante, sino mas un pan relleno de un queso búlgaro, especie de ricota y queso addler, muuuy bueno). Nos deleita la “Colo” nuevamente bailando y sorprendiendo a mas árabes (no se si por lo bien q baila o al ver a una colorada haciendo sus danzas). Volvemos y nos preparamos para abandonar la ciudad a la mañana siguiente. Simplemente, me quedo merendando y compartiendo la noche en las diferentes habitaciones. Uno comienza a sentir que esta en otro mundo y se maravilla de esa manera


(Resumen del 3º día. 29 de diciembre. Playa de Bat Yam. Recorrido por la ciudad antigua de Jaffo).

El sur tambien existe

El día comienza antes para mí. Hoy partimos hacia el sur, y como es de esperar me ofrezco a ser maletero. Con todas mis ganas y experiencia de tetris, junto a Nico, Pato y Walter cargamos el micro y subimos a desayunar. El gran robo de te y cafés, una última mirada al mar, permite comenzar el viaje. Salimos en una ciudad entraficada, con todo el mundo trabajando (y nosotros nos quejamos y en pleno domingo en una parte del mundo es un día mas). Primera escala en Latrun, en el Museo de los Tanques (cabe destacar que no es Museo, sino recordatorio a todos los que fallecieron y dejaron la vida por Israel al lado o dentro de un tanque). Comienza un debate en el grupo, entre un sector que para mi punto de vista es pro Israel y practicante, en el que al igual que muchos israelíes ven, que no es algo inhumano eso, sino que es un recordatorio a los duros traspié que obtuvo el país para ganar cada centímetro de tierra. El otro grupo, que todos coincidimos también, inclusos israelíes, en el cual no quiere una sociedad paramilitar, en el cual se humaniza la guerra y quiere creer en dos partes y no en el discurso de una sola. Los últimos días, este debate florecerá y explotara de buena manera., aunque hace vivir momentos casi tensos. Asimismo, comienza en esta ciudad una costumbre que nos traerá una sensación de vergüenza propia y ajena, pero que es necesario. Las pocas horas de sueño, se repercuten en siestas, que aparecen ni bien hay oscuridad y una buena butaca. Por ello, me pierdo una película en honor del lugar, pero que no me interesaba a largas. Al partir, sube nuestros compañeros israelíes de viaje. Me quedo hablando con Dani (pibe de múltiples nacionalidades) y simplemente me quedo en un estado zombie. Rodeado de silencio y de ver un paisaje desolador, que sin ser desierto de arena como se imaginan en esos lados del mundo, simplemente llama también la atención. Pasamos la ciudad de Lemona, pero vamos al medio de la nada. Vamos con los beduinos. Al llegar, acomodamos todo en la carpa al estilo que aparece en la película de Harry Potter, algo interminable con espacios de sobra para todos (si… incluso para cincuenta y pico de personas) y me uno a muchos a explorar el “falso” Metzada y ver una vista panorámica. Así vemos la aspereza del desierto, con el sol cayendo y la tierra mezcla piedra y arena, sin nada de fondo ni paisaje. Al rato, pequeño “momento rexona” al subir y pasear en un dromedario (léase falso camello por tener solo una joroba y no dos como estos últimos). Lindo paseo que queda registrado en el pequeño video al peor estilo del bobo de Marley. La cena nos sorprende rápido junto con las explicaciones de la vida beduina. Algo que parece tan arcaico y ver como buscan modernizarse y acoplarse a la vida diaria. Así es como, compartimos una especie de shawarma del lugar, así es como con Pato negociamos las narguilas, así es como nos ofrecen un show interactivo de percusión y baile. Entre un pogo y una mezcla de calor dentro de carpa y un frío asqueroso fuera de ella, simplemente me hago adicto al te dulzor, que no solo calienta las venas sino que las endulzar. Me quedo atrapado entre las estrellas (lo mismo que quisieron retratar los Madrijin, o especie de maestros-preceptor-responsable para el que no sepa, en la actividad previa), entre el te, y entre el intento de fogón. Las maderas consumieron rápido y las ganas de hablar con una serbia también (si… serbios de mierda que se la llevaron… simplemente.. hacia amistades yo). Ya eran casi la una y media de la madrugada, y me fui a dormir. Simplemente me quedaban dos horas de sueño antes del próximo madrugón (si…. Leyeron bien… dos horas de sueño). Simplemente acomodarse en mi colchón, entre los cuerpos de muchos perdidos y titiritando gracias a que exploto la poquita caldera que teníamos para un poco de calor.



(Resumen del 4º día. 30 de diciembre. Latrun con el Museo del Tanque,Demona, Desierto (Mamshit) con beduinos compartiendo su cultura, paseo en dromedario y espectáculo)

Que dia.. Que Dia..


Llegamos a un día clave en varios aspectos, sea porque enfrentare a uno de mis peores miedos, sea porque termina el año, sea porque estoy del otro lado del mundo en medio de la nada. Luego de trasnochar mucho y poco descansar (creo q si dormí hora y media) en medio del frío del desierto, llego la hora de despertarse, de llenarse de te y de dormirse en un micro. Son casi las cuatro de la mañana y llegamos al pie de Metzada (para el que no sepa, que seguramente la mayoría será, Metzada es una fortaleza que en la antigüedad aprox. 2000 años atrás, sirvió de albergue para unos 1000 judíos que escaparon de la tiranía de los romanos. Luego de aguantar 3 años sitiados, antes de caer esclavos de unos, prefirieron el suicidio y una especie de libertad. Al menos, eso se me viene de tanto recuerdo y lectura del colegio). La noche va dejando de existir para dejar paso al día. Yo nomas subiendo un precipicio que parece una rampa, sin sufrimiento, nomas dejándome sorprender por el intercambio cultural de palabras (hablando con un israelí de river y sobre argentina con un ingles de lo mas indio entre ambas partes). De la nada llegamos a la fortaleza y se hace de día. Sin asomarme a ningún precipicio veo un horizonte que deja caer y enamorar. Las montañas de Jordania nos permiten ver un sol que ilumina todo un desierto y valles con montañas, que permite hacer al Mar Muerto un espejo del cielo. Al ver eso, solamente recuerdo y medito. El año termina, el todo ya termina, el ciclo ya termina. A duras penas, recorremos la fortaleza y las ruinas del Palacio. Gracias a Gabo y Emo puedo recorrer ese antiguo palacio, ya que el camino de medio metro con escaleras directamente sobre nada me petrifica. Solamente veo para abajo, veo cada tanto el horizonte y puteo a los que no me dejan avanzar. Me sacan una foto, así tengo algún recuerdo ya que me “abrazo” a la pared por miedo de ser “catrasca” y tirar mi cámara y luego de caerme. Solamente me rio al ver la actuación de Herodes en un Lucho que nos hizo reír a todos. Luego de muchos minutos, visitas y demás, llego el gran momento de la bajada. No era el mismo camino, y según advertencia de todos, se venia “lo peor”. Simplemente, vuelven mis pensamientos del día y del año transcurrido. Quiero aclarar que pensé en mucho y muchos; y por ello cabe esta aclaración a particulares y demás. Nomas nombro a un par, sin desengañar a muchos mas, por que todos formaron parte de mí. Solamente vos “hermano rusito” que me sacaste garra para patear y por mas que seas mi tutor para mi me haces sentir bien; cordo… q puedo decirte que vos no sepas, gran pilar de mi vida te hiciste y aunque se que las sombras te golpean como a mi, y aunque se que sos demasiado aprecia a mi, daría lo que sea por tu felicidad; el gran zoológico, que saben quienes son, que me albergaron y ayudaron, que me permitieron entrar y hacer todo, que me admiran sin saber que hacer, solamente les agradezco por darme ese lugar y por permitirme estar y compartir esa locura con ustedes; a vos, que si el gran Soriano me permite robarle medio titulo de un libro suyo se que me marcaste a “sol y sombra”. A todos, que compartieron mis lagrimas, mis sonrisas, mis delirios, mis locuras, mis momentos. Simplemente en todos pensé cuando bajaba esa escalera caracol bordeando el precipicio, pisando piedras que se caían, agarrando la baranda que se acaba a los pocos metros. Iba hablando con los que se me acercaban pero mi mente estaba con todos ustedes, y a todos los quería tener a mi lado. Y así es como fui llegando a la altura del mar, y fui respirando. Sonreí de a poco, pero respire a grandes hondadas. El año llega a su final, y ya todo pasó. Y aunque todos estaban cansados, me incluyo, y el desayuno tardío no daba ganas de nada, simplemente me deje abatir en un Mar Muerto que fuimos a visitar. El poco tiempo, el esfuerzo invertido, el cansancio me dijo “NO” y por eso, ni ganas y solamente, quede disfrutando de un Mar espeso como el peor aceite, pero que contagio una felicidad y alegrías como cualquier playa. El viaje siguió rumbo al norte, donde el día no termina más. A las horas despertamos en Tiberias, donde en plena tarde nos sorprende un almuerzo tardío, en una de las ciudades mas lindas que vi. Me voy con las chicas, quienes toleran mi mal humor en medio de una comida que parece ser que nunca llegaría (por fin aparece el queso caliente y la pizza). Ya no queda tiempo a mas, solamente el llegar al hotel nos da tiempo de bañarnos. Queda el otro gran momento, queda el fin de año. Ese fiesta, que todo lo de la mañana me vuelve a mi mente, y entre pleno “pumchi pumchi”, mientras fluía el vodka con el speed; solamente quería buscar los ojos de siempre, las caras que son amigas, las voces que siempre hablamos, las palabras que quiero escuchar. Y no importa, por q cada latido se que estaban, y en cada instante pensé en todos, aún siendo la medianoche israelí que era casi la tarde porteña. Aunque no quisieron, yo brinde con todos. Y aunque el momento más duro para todos fue al final, tipo dos de la mañana al estar regresando y ver cada uno carta de parientes y/o amigos, simplemente me quede en la nada. Me arrepentí de no dar direcciones de muchos, sonreí al saber las palabras que mas tarde leería de mi familia. Y simplemente, tuve ganas de mucho de todos, pero me quede con la noche estrellada, frente al lado de Tiberias.


(Resumen del 5º día. 31de diciembre. Trasnoche en desierto (Mamshit) con beduinos, amanecer escalando Metzada y recorriendo su fortaleza, playa del Mar Muerto, almuerzo en Tiberias, Fiesta de fin de año).

Bienvenido al 2008

Ya habiendo pasado otro año, me despierto en Meeg Gaan, a las afueras de Tiberias. Hotel nuevo, paisaje nuevo, año nuevo; pero rutina de siempre. Arriba temprano, sin importar el día de ayer, desayunar y salir para el micro para divagar por rutas y calles de este país. Sinceramente parezco ser otro, ya que de nunca desayunar, no puedo dejar de comer mi invento de este hotel (una especie de sanguichito de mini waffles dulces untados con una especie de queso Addler).
En este día, y con las consecuencias del ayer. Algunos arrastran ya el festejo de ayer, otros las consecuencias de las cartas, otros simplemente ya acumulan cansancio. Pero pese a todos, el micro sale a pura canción (y no solo de M. Morelo o la radio israelí, sino que todos de a poco se animan a cantar).
Llegamos a Tel Dan, una especie de reserva ecológica, parque divino y con un riacho, que parecería común pero es vital para el agua de todo el país. Simplemente nos dedicamos a caminar, entre unas arboladas, puentes, piedras y pequeños oasis. Obviamente, ya las fotos cobran sus victimas del retraso, y junto a otros, quedamos rezagados y perdidos en medio de unos australianos. Es lindo todo, pero uno esta cansado.
Luego, entre paisajes de montañas que no dejan de tapar y destapar oídos, seguimos recorriendo por el norte hasta el conflictivo punto de las “Alturas del Golan”. Pasamos precipicios, hermosos paisajes que me cuestan ver, y algo de historia de los Druidas que nos cuenta Debby que nos hace despertar, en el sentido físicamente de donde nos encontramos y del sueño en que estamos en transe muchos. Llegamos al kibutz de …. En donde nos muestran un cortometraje de cuando allí ocurrieron las batallas por la guerra del `73. Tal vez fue el primer indicio de que todavía no hay paz en esa tierra y que la guerra sigue presente. Y por mas que solamente vimos imágenes de algunos pocos, sirven para intentar sentir lo que vivieron en todos esos momentos (sea por miedos, pánicos, tener “huevos”, sentirse orgulloso, y demás). Simplemente entre el lugar, los “después” y los sanguichitos de pastrami horrible de almuerzo, seguimos el viaje hasta el mítico lugar de la frontera, hacia la verdadera “altura del Golán”. Obviamente, se imaginaran que yo puteando ya tanto precipicio, mientras subimos el punto más alto de toda la frontera. Allí, en donde se puede ver todo el lugar, en donde Siria esta al alcance de la mano e Israel de la otra. Allí, en donde el mundo parece chico y el recuerdo militar, solo es un recuerdo (al menos eso quisiéramos creer todos).
Mas historias vinculadas a river aparece, pero el sueño repercute mas en un viaje de vuelta que se me hizo increíblemente corto. Y aunque el día termina simple, con una pehula sobre el viaje, el comienzo del debate sobre lo militar y bélico y sobre algunos tragos recorriendo el parque del lugar.
Y debo admitir que se hizo tedioso y largo el día, pero se intenta relajar y disfrutar en este final. Y aunque mi asiento de al lado a veces sigue vacio, solamente me abstraigo a todo, y me dejo llevar por las conversaciones de la vida.

(Resumen del 6º día. 1 de enero. Reserva ecológica de Tel Dan, Kibutz de …. Mirando un cortometraje sobre la guerra, Alturas del Golán)

lunes, 21 de enero de 2008

Al borde del precipicio

Otra nueva mañana nos recibe en el norte. El cielo comienza a nublarse y por primera ves, el frio y la garua nos sorprende desde temprano. Igualmente, la rutina no se altera, a puro desayuno y al toque para el micro. Esta ves, rumbearemos hacia el Mediterráneo.
Pasamos primero por Etzaf, con un rejunte de sensaciones adversas. Ahí, en medio de la cima de entre montañas, vemos la pintoresca ciudad de piedra. Dicen que demasiado mítica, en donde se fundo la “Cabala”, en donde se espera al Mesías, en donde la religión se palpa en todas sus cuadras, en donde el tiempo parece solamente avanzar en un parque automotor y en las cámaras fotográficas de los turistas. Simplemente caminar por las calles, recibir la historia y palpar la religión, entre un día garuante, entre frio, y entre un traslado a un verdaderamente mundo ajeno al propio. Entre subir a la plaza, aprender de la historia y contagiarme con el fervor de souvenirs se pasa el tiempo, pero todo se disfruta y deja con ganas de disfrutar mas.
Sin darse cuenta, otra ves estamos en el micro. Con ganas de llegar a un destino y con un sueño pesado que me hace dormitar. Entre alguna charla, la música de Pato y entre alguna mini siesta, simplemente se que llegamos a Pe´quim. Y que encontramos acá??? Simplemente a los Druidas. Otro grupo, otra religión, otra cultura, otra secta. Denomínenlo como quieran, pero es algo que hay q estar. Palpar como viven así desde hace centenares de año y como mantiene sus costumbres, sentirse parte de ellos, y por más que es solo un pantallazo, uno queda metido en esas palabras, como algún chico escuchando algún cuento. Simplemente sumergido en es restaurant, que parece cueva, con las paredes “bibaracheadas” de pelotudeces, uno disfruta de esa comida y se asquea con esa granadina fea.
Al par de horas, seguimos el viaje y atravesando montañas y un cielo nuboso. Ya vamos al océano nuevamente. Ahora vamos a Rosh Anikra, lugar que muchos admiran y quieren. Allá, nos encontramos con un mar lleno de tonadas azules y verdes, con unos acantilados que forman unas cuevas sumergidas, y con una historia cargada de todo tipo de aventuras; todo eso, debajo de la frontera con el Líbano. Pese a que todos ya se me ríen y pregunta por mi vértigo, bajar en el funicular unos metros no me afecta, ya que el paisaje ya me hipnotizo. Los videos, las fotos e imágenes se quedaron grabadas par air a ese paraíso mental.
Ya es tarde y llueve nuevamente. Ya volvemos derecho para el hotel. Me espera una velada solo con el lago, donde la música y la mirada me atrapan y refresca la mente, en donde la pehula nos matamos de risa con el perdón de Ari, y en donde comienza la despedida de los amigos israelíes y la despedida de este lugar.
Solamente me queda llamar a mi viejo… y ya irme.. a intentar cerrar la valija


(Resumen del 7º día. 2 de enero. Etzfran, Pe´quim con la comida y cultura druida y Rosh Anikra)

Y ahora??? Jerusalem

Llego otra vez el ritual del abandono de hotel. Madrugar un toque antes, llevar la valija que esta por explotar, desayunar y subirse al micro. La diferencia, es q hoy no duermo, me paso poniéndome al día con los israelíes. Hablo con Matilda, y con el que se me acerque, pero limo esas asperezas, y me dejo llevar por la sociabilidad y el buen rato. Solamente vamos con las palabras, el desierto y las montañas hasta que asoma la ciudad de Jerusalem y el micro se levanta en canticos recordatorios y las historias pasan por la mente de todos. Por más que soy más reacio, me hace emocionar y solamente abro los ojos al atravesar las calles
Primera parada, un comedor solidario. Nos dedicamos a armar cajas, entre las ansiedades de ir a conocer la parte vieja. Un acto así, siempre cae bien y dan ganas, por más que hacemos una competencia contra mujeres o nos desesperamos por armas las cajas rápidamente. Pero no es ese el fin, sino las ganas y el deseo de “ya” estar ahí.
Rápidamente llegamos al mirador de la ciudad, y entre un bagel y un jugo feo chicloso, tenemos el tiempo limitado para almorzar y ver la ciudad. Comienza a agrietar el grupo según mi óptica, pero intentamos disfrutar los últimos momentos de los chicos israelíes y de donde estamos, ya con los pie de la ciudad antigua de Jerusalem
El ansiado momento del Cotel (Muro de los Lamentos), sinceramente tuvo poco impacto inmediato. Si me quede ahí, estupefacto, tal ves mas abarrotados del recuerdo del pasado (entre que era una pesadilla de gente, de idiomas, de griterío y multitud sin entender nada) pero viviéndolo en el presente. Me quede ahí observando, meditando pero sin tener ninguna iluminación ni sentirme nada. Solo un poco de orgullo y recordar cada cosa que aprendí de ese lugar. Ya no se que confusión reinaba en mi, mientras recorríamos los patios y alrededores. Entre el cansancio y esos pensamientos de sentirme un poco mal, simplemente cayó la noche con el primer gran frío, y empezaba a aturdirme la idea del Mega Evento.
Y hacia allí partimos sin aviso ni espacios. Mega evento, o sea un graaaan evento, con gente de todos los países, siendo un total de aproximadamente tres mil personas. Recuerdo haberme cruzado con gente de Rusia, Hungría, Francia, Gran Bretaña (con sus banderas codiciadas por los ratas argentos amantes del futbol), Estados Unidos (con el flechazo que me dieron), Uruguay, Bolivia, Perú, Colombia, y alguno mas que me estaré olvidando. Hubo un robo a mano armada con la comida, pero no esperábamos mas (simplemente era poco y algo caro para repetir una hamburguesa que no era hamburguesa, una empanada que valía el precio de una docena, y comida de origen, que ya ni tenía ganas de seguir probando). Hubo malestar por la falta de alcohol para una gran mayoría, y por la expulsión de un buen amigo; pero quisimos disfrutar la fiesta.
Simplemente nos sentamos a ver eso, mientras un público enardecido por un espectáculo al más estilo “holliwodense”, pero que a simple, contagiado o irónicamente en ese lugar, uno se ponía a cantar, bailar, joder y reventar la noche. Y ahí, entre tambores, fuegos, bailes; simplemente la fiesta se dio. Y más allá de las cosas que parecían malas, simplemente entre charlas y bailes, fue pasando todo.
Salimos a la fría noche de Jerusalem. Mucho cansancio y yo solamente cantando “ooo Canadá….” por el trapo obtenido, mientras las broncas seguían y el fastidio de ni siquiera saber donde dormíamos ya siendo casi la 1 de la madrugada. Finalmente llegamos, y con pocas ganas, me fui lentamente a dormir, con un cansancio aplastante.

(Resumen del 8º día. 3 de enero. Jerusalem. Ayuda en comedor comunitario, almuerzo en punto panorámico, “Cotel” (Muro de los Lamentos”), con sus jardines. Mega Evento de noche. )

Shabat nuboso

Con mucho cansancio y admirando una ciudad entre nubes nos despertamos. Otro madrugon con poco sueño, y nos dirigíamos hacia otro lugar de “fuerte impacto”. Hoy tocaba el Museo del Holocausto, del cual recordaba imágenes impactantes de mi visita al tener cinco años.
Entre sueños, entre el saber que seguíamos en Jerusalén, entre la admiración de ver al “colo” “morfando” lo que “morfaba” (si.. ese soldado universal se “morfo” mas de tres platos lleno de cualquier porquería en ese desayuno y seguía vivo).
Partimos como una manada de zombis, entre cual la seriedad del día y el cansancio de ayer, nos mantenía en un silencio reflexivo.
El aire matinal, el primer apuro y las primeras sensaciones de su significado nos mantenían en un silencio. De repente, una mezcla de sensaciones nos invadió a todos, al menos pude percibir. Mucho interés, muchas ganas, muchas historias, muchas cosas de todo por absorber se veían casi “rechazadas” por decir alguna manera de un sueño que pesaba en todo momento, y al primer descanso mostraba sus pasos. Igualmente, todos entre una y otra cosa que llamaba la atención, seguíamos con más ganas de ver, de seguir y de aprender. Tal ves, lo que rebalso el vaso, fue la charla. Una más que interesante charla con un sobreviviente de Auschwitz, que encima hablaba español. Pero todos los esfuerzos de todos, eran incapaces de mantenernos despiertos, y no recuerdo quien no haya “cabeceado”, cerrado los ojos un minuto o quien se sentía incomodo. No recuerdo quien no haya dicho de sentir vergüenza propia y ajena, de sentir una impotencia enorme por estar así, de querer preguntar y no poder reaccionar.
Las corridas seguían y el agua apareció para frenarnos. Un almuerzo arriba del micro irrumpió una visita, la cual simplemente derivo en el fin del día, debido al Shabat.
Aparecieron las pehulot, aparecieron los vinos kosher y apareció las ganas de descansar pero con ganas a no dormir nunca, ya que la noche daba para mas. Entre pieza y pieza se vago, entre charlas y personajes, entre confesiones y delirios, entre temas y temas.
Comencé a sentirme cansado, y por más que ya entraba el último día, no pude resistir.

(Resumen del 9º día. 4 de enero. Museo del Holocausto. Pehulots y Shabat en hotel)

“Todo tiene un final, todo termina”

Entre una mañana de Shabat, entre poco tiempo y muchas cosas, entre un cansancio que dominaba pero que no tenia ganas de aprovechar, me levante para hacer algo productivo. Por más que las nubes amenazaban, la salida al Kibutz me intereso. Sea por caminar, sea por ver, sea por recorrer aunque sea unas cuadras más y no sentir que terminaba todo. Y así se paso la mañana, recorriendo y aprendiendo. Interesado en ver como ahora el judaísmo se adapta a la vida moderna desde ese singular punto de vista.
Prontamente llego un almuerzo, y pasó una pehula.
Siempre poco tiempo y armar la valija para cenar temprano e irse a aprovechar el último minuto, y así fue que sucedió. Desde la actividad se corrió hacia la cena, en donde se “devoro” con el poco hambre, para llevar las valijas al micro, para partir lo antes posible a la ciudad y de ahí… cada uno seguía su camino. Tal vez, ahí es cuando en ese micro, nos dimos cuenta que se terminaba, y el micro se aglutino entero entre una batalla dialéctica que se venia armando en esas pehulot. Entre puro salto y baile, entre risas y sonrisas, el fondo y el frente entrelazaron sus brazos formando un medio eterno.
De repente, la imagen de un “Cotel” iluminado se robo la atención, y cuando me di cuenta, estaba recorriendo los túneles bajo la vieja ciudad, el cual me llevaba a seguir recorriendo por muchos metros más la gran pared milenaria. Entre admiración y algún deseo mas pedido, entre las pocas ganas de irme y entre el todo que me rodeaba ese túnel robaba toda claustrofobia, y solamente se pensaba en algo mas. Tal ves gran admiración, tal ves las ganas de creer en todo, tal ves en algo que no pueda describir.
Lentamente salimos a plena noche, y recorrimos calles de la vieja ciudad de Jerusalem. Cuando menos lo esperaba, ya estábamos insertos en un pub, luchando contra unos precios increíbles, pero bebiendo y brindando por aquel ocaso. Admito que toque un poco de “techo” y frene para no vérmelas duro en un temido encuentro en el aeropuerto con la seguridad. Pero nada importo, y la cerveza y el vodka con speed sigo fluyendo.
Los saludos aparecieron, los abrazos con los mejores deseos, y todas las mejores palabras. Pero es tiempo de volver y cada uno asume su camino, por más impotencia que se tenga.

(Resumen del 10º día. 5 de enero. Recorrido por kibutz. “Cotel” de noche y recorrido por los antiguos túneles. Calles de la ciudad de Jerusalem antigua. Pub y regreso)

El viaje sin fin

Estábamos en un micro hacia Tel Aviv sin darme cuenta. Entre un poco de alcohol y cansancio, simplemente pude ver los últimos precipicios que me regalaba la ruta y la cantidad de luces que parecen no terminar mas.
Finalmente llegamos al aeropuerto, donde el viento frió parece despertarnos. Igualmente, mi “cagazo” a que pase algo me despertó mas. Obviamente no pase el control de la valija, pero zafe de que la abrieran al responder todo mas que obviamente (si, si, si, no a las preguntas mas que obvias, y a seguir con el tramiterio). De repente las escalas y los “tiempos muertos” se hacían interminables, de repente el sueño invadía y solamente me despertaban unas comidas kosher incomibles pero que el hambre logra devorar igual, de repente un paisaje desde allá arriba hacia abrir los ojos mas de la cuenta, y de repente una ansiedad desesperaba por llegar mas rápidamente.
El primer vuelo se la paso a puro sueño, al menos por mi lado. En el segundo, una italiana-española hizo que me cagara de risa como que me llenara de ganas de matarla. Pero al final… las ganas pudieron más, y solamente una Ciudad de Buenos Aires en plenas luces me hizo calmar.
Ya estábamos cansados luego de veintitantas horas de vuelo y un día más que largo. El free shop paso volando y las despedidas del “mini grupo” también.
Simplemente… el calor me invadió, y caí que ya volví. El cansancio me hizo mal humorado, la tardía llegada de las valijas también. Pero quise dar un último abrazo y saludo, a los pocos del “306” que llegamos a este fin.

(Resumen del viaje. Partimos 6 de enero a las 6 de la mañana, aterrizando en Madrid a las 11 horas españolas. En una hora mas tarde, salimos hacia Buenos Aires en donde a las casi trece horas de vuelos, ya siendo casi las 22:30 aterrizamos)