Con mucho cansancio y admirando una ciudad entre nubes nos despertamos. Otro madrugon con poco sueño, y nos dirigíamos hacia otro lugar de “fuerte impacto”. Hoy tocaba el Museo del Holocausto, del cual recordaba imágenes impactantes de mi visita al tener cinco años.
Entre sueños, entre el saber que seguíamos en Jerusalén, entre la admiración de ver al “colo” “morfando” lo que “morfaba” (si.. ese soldado universal se “morfo” mas de tres platos lleno de cualquier porquería en ese desayuno y seguía vivo).
Partimos como una manada de zombis, entre cual la seriedad del día y el cansancio de ayer, nos mantenía en un silencio reflexivo.
El aire matinal, el primer apuro y las primeras sensaciones de su significado nos mantenían en un silencio. De repente, una mezcla de sensaciones nos invadió a todos, al menos pude percibir. Mucho interés, muchas ganas, muchas historias, muchas cosas de todo por absorber se veían casi “rechazadas” por decir alguna manera de un sueño que pesaba en todo momento, y al primer descanso mostraba sus pasos. Igualmente, todos entre una y otra cosa que llamaba la atención, seguíamos con más ganas de ver, de seguir y de aprender. Tal ves, lo que rebalso el vaso, fue la charla. Una más que interesante charla con un sobreviviente de Auschwitz, que encima hablaba español. Pero todos los esfuerzos de todos, eran incapaces de mantenernos despiertos, y no recuerdo quien no haya “cabeceado”, cerrado los ojos un minuto o quien se sentía incomodo. No recuerdo quien no haya dicho de sentir vergüenza propia y ajena, de sentir una impotencia enorme por estar así, de querer preguntar y no poder reaccionar.
Las corridas seguían y el agua apareció para frenarnos. Un almuerzo arriba del micro irrumpió una visita, la cual simplemente derivo en el fin del día, debido al Shabat.
Aparecieron las pehulot, aparecieron los vinos kosher y apareció las ganas de descansar pero con ganas a no dormir nunca, ya que la noche daba para mas. Entre pieza y pieza se vago, entre charlas y personajes, entre confesiones y delirios, entre temas y temas.
Comencé a sentirme cansado, y por más que ya entraba el último día, no pude resistir.
(Resumen del 9º día. 4 de enero. Museo del Holocausto. Pehulots y Shabat en hotel)
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